Visitar Moscú y no pasear por su centro debe ser uno de los mayores pecados concebibles. Por ello, la mañana de hoy la reservamos para el Kremlin y la Plaza Roja. La salida de metro escogida fue la de la Biblioteca del Estado Ruso (o de Lenin) y ahí ya fue donde comenzó el espectáculo.

Hoy la temperatura era algo más aceptable, pero poco más (-14ºC). Los rayos de sol eran muy bien recibidos, incluso para la “Sección de Veteranos del Correo Soviético”:

Parecían estar comentando cosas como “¿te has enterado que ha subido el alpiste? ¡dónde vamos a llegar!” o “todavía me acuerdo cuando crucé el telón de acero con aquel mensaje… ¡a que eso no lo hacen ahora con esas máquinas!”.
El paseo alrededor del Kremlin es edificante, no solo por las vistas, sino también que con las bajas temperaturas, los músculos se tonifican a marchas forzadas.

Con un paisaje tan idílico, es imposible no pensar que todavía estamos en Navidad.


Pasamos por la tumba del soldado desconocido, siempre en el Jardín Alexander.

Para entrar en calor, fuimos al GUM, la mayor galería comercial de Rusia.

Este emplazamiento es el favorito de muchísimos recién casados para sacarse fotos. Llegamos a contar ¡hasta 10 parejas!

Algunos de los estilismos se correspondían con el espíritu de ciertos montajes que han recorrido toda la red.
Y tras reponer fuerzas, tocaba sesión fotográfica en la Plaza Roja.




No sé porqué pero al ver la Catedral de San Basilio me entraron muchísimas ganas de jugar al Tetris
.

En medio de la plaza habían montado una pista de patinaje donde la gente hacía cola para disfrutar de unas vueltas en un punto tan emblemático.

Y esta noche ha sido nuestra última (por ahora) en Moscú. ¿Qué mejor manera que despedirnos de esta mágica ciudad asistiendo al gran Teatro del Bolshoi?


Fuimos muy afortunados ya que conseguimos entradas para el Nabucco. De esta manera pudimos disfrutar de una Ópera italiana en un teatro histórico recién renovado.


Tanto la representación como el entorno eran impresionantes. Y de esta manera, tras habernos mágicamente transportado a la Rusia de los Zares, nos disponemos a hacer las maletas
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