¡Por fin el verano irrumpe en Trondheim!
Como si no hubiera tenido bastante Ciencia durante esta semana, con jornadas de casi 20 horas, esta mañana he querido relajar (o estimular según se mire) mi mente en el Museo de Ciencia de Trondheim.
La exhibición, pensada para mayores y pequeños a partes iguales, está muy bien organizada y repartida por el espacio disponible. Si algo distingue a los objetos son dos sencillas palabras: variedad e interactividad.
Variedad porque las áreas científicas cubiertas por este museo son numerosas. Así, podemos encontrar experimentos realizados con la Meteorología…
… donde efectivamente, como podéis observar en esa máquina que bien podría ostentar un nombre tan retro como Tornad-o-Matic, podemos recrear el gran azote del Golfo de México.
Y también podemos cruzarnos con el gran sueño para los creadores del “Efecto Mariposa” del Hormiguero…
… done con nuestras dotes de coordinación, accionaremos un complejo sistema de poleas y ruedas, para que las bolas que se encuentran en este sistema accionen los instrumentos musicales.
Por otro lado, interactividad porque no hay casi ningún objeto de la muestra que no tenga un botón, palanca o polea con el que alcanzar la “Madre de la Ciencia”: ¡La experiencia!
De esta manera, mediremos nuestra destreza con la de un robot a la hora de guiar una varilla a lo largo de un recorrido sin que tocarlo:
Reconozco que esta competición Hombre-Máquina me da un cierto repelús.
También podremos interactuar con los denominados “metales educables”, cuyo uso se está considerando para alguna que otra Misión a Marte y posiblemente sea el secreto de Uri Geller, usando un secador para suministrar aire caliente y frío:


Por supuesto podemos jugar a “Bones”
reconstruyendo un esqueleto completo:
Desgraciadamente, no fui capaz de averiguar la causa de la muerte…
Pero la mejor idea que he visto para mentalizar al visitante sobre el uso del cinturón de seguridad ha sido el siguiente objeto:
Efectivamente, se trata de un simulador de choque. Quizás la DGT podría fabricar uno de estos para sus charlas de concienciación, ¿no creéis?
Por la “noche” tocaba fútbol, así que Ján, John y yo nos dirigimos nuevamente al pub de la Asociación de Estudiantes con ganas de ver un buen partido. Por su parte, Andreas se ha tomado 1 semana de vacaciones con su familia en Oslo y Aleksander tenía trabajo atrasado.
Como se puede apreciar en la foto, están de obras, pero eso no impidió que hubiera lleno total. La nota anecdótica fue para la bufanda de la selección, que donde va, triunfa. Más de uno me deseó suerte, e incluso confraternizamos con un grupo de holandeses que esperaban ver una final entre nuestros dos equipos.
Y por supuesto, volví a romper los tímpanos vikingos con mi celebración del gol de Villa, que por cierto, dada la trayectoría al más puro estilo billar español… ¡debería valer doble!

























































































