Da igual que durmiera pocas horas, a las 5:45 a estaba saltando de la cama con el mismo entusiasmo de un niño el día de Reyes. Por cortesía del IKI nos íbamos a la “Ciudad de las Estrellas”, también conocido como “Centro Gagarin de Entrenamiento de Cosmonautas”. Inaugurado en 1960, ostenta el título de mejor centro de entrenamiento y el más activo. No olvidemos que después de abandonar el programa del Transbordador, Estados Unidos se ha puesto a la cola de los países dependientes de Rusia para viajar a la órbita terrestre.

El IKI nos proporcionó una furgoneta para desplazarnos desde Moscú y la razón de salir tan pronto era que el tráfico rodado es muy grande. Fuera de los anillos de circunvalación el paisaje cambió sobremanera, ofreciéndonos bosques helados de una gran belleza y sobre todo, una sensación de aislamiento total. No olvidemos que esta ciudad ni existía hace años oficialmente.

Pero tras un par de horas llegamos al fin al control exterior. Ahí tuvimos un percance, y es que debido a que nos tocó esperar un buen rato a que la guía se encontrara con nosotros, el calor de la furgoneta hizo que una de las ruedas se quedara atrapada en una placa de hielo. Tras probar de todo, incluso empujar, optamos por recorrer el último tramo (20 minutos) a pie. Esto no sería demasiado problemático si no estuviéramos a… ¡-24ºC!

La velocidad a la que recorrimos el trayecto fue muy grande por la cuenta que nos traía, ya que notábamos que hasta la saliva se nos congelaba. Pero por fin, ¡llegamos a los edificios!

Y la primera parada fue el tanque de entrenamiento para operaciones en la órbita. Dicho tanque esta lleno de agua para permitir a los astronautas manejarse con sus trajes de 100 kilos como si estuvieran en el espacio.

El corazón me dio un vuelco cuando de repente me di cuenta de que… ¡estaban en medio de una de las prácticas!

La sensación es increíble… ver en vivo y en directo la preparación de la siguiente tripulación que subirá a la Estación Espacial Internacional es muy emocionante. La guía tuvo que sacarnos de nuestro embobamiento, ya que ninguno apartaba la cara del cristal… pero la visita tenía que continuar.
Aprovechamos para ver el tanque, construido hace 30 años y con planes para una renovación, desde un ángulo más privilegiado.


Como tienen que practicar con todo de infraestructuras, las que no se usan se dejan aparcadas en el exterior, entre los que me pareció reconocer partes de la Salyut y la Mir.

Además, aprovechamos para visitar la galería de cosmonautas ilustres, encabezada por el gran Yuri Gagarin.

La siguiente parada fue el edificio de la centrifugadora. Creo que el nombre ya es bastante descriptivo.

Esta máquina permite recrear la fuerza sufrida por los astronautas en las operaciones de despegue, que suele estar entre los 4G y los 7G (G equivale a la gravedad terrestre). El brazo que se ve en la foto permite hasta un máximo de 30G, razón por la cual también es empleado por los pilotos de combate. Al contrario de lo que se piensa, quien usa este aparato no experimenta mareos, sino tanta presión como si tantas personas de su peso como Gs se sentaran encima (menuda gracia). Por ello, se les debe enseñar a respirar con el abdomen y mantener la calma para poder realizar cualquier maniobra de emergencia que fuera necesaria. Nos contaron que los astronautas más machotes (rusos, claro) se ponen hasta a cantar para demostrar su fortaleza. Eso sí, debido a la fuerza recibida, parece como si lo hicieran a cámara lenta.
Y la última parada fue el edificio de los simuladores, en los astronautas se introducen en réplicas exactas de los vehículos y practican todas las maniobras que realizarán en el espacio.

Además, hay una muestra de la comida de astronauta del comienzo de la Era Espacial, así como una muestra de los asientos empleados en las cápsulas.


Por cierto, gracias a la investigación empleada en estos asientos tenemos los colchones de viscoelástica.
Pero bueno, lo suyo era mirar dentro de las cápsulas, ¿no? La de la actual Soyuz estaba en funcionamiento y no quisimos perder detalle.


Pero no quise olvidarme de la Vostok, la nave de Yuri Gagarin.


La visita se nos hizo cortísima, pero volvimos todos felices a Moscú, aunque creo que yo era el que más
.
Y para celebrar un día tan redondo, nos fuimos a cenar a un restaurante siberiano en el mismo centro de la ciudad.

De camino pudimos apreciar una vez más la belleza arquitectónica del Metro…


… recordándome el diseño de esta estación muchísimo al del Metro de Washington DC:

El mundo es un pañuelo
.
Bueno, esto es todo por hoy. Mañana tendremos otra sesión más de turismo, pero esta vez con los pies más en la tierra.