Feb 282015
 

No ha hecho más que empezar y el 2015… ¡se está revelando como mi año! Después de años de trabajo, he tenido la suerte de cosechar bastantes de sus frutos, a fin de que me den las energías suficientes para seguir sembrando. ¡Y qué energías!

Pero vayamos por partes y pido ya de entrada perdón por el autobombo.

A principios de este mes firmé por fin en el Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid mi primer contrato por tiempo indefinido con la institución en la que había decidido hacer mi apuesta vital tras terminar la carrera. En particular, la figura se llama Profesor Contratado Doctor y el proceso para su obtención no fue sencillo ni corto.

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Durante los últimos 11 años he ocupado distintos puestos en la UCM: meritorio (a la espera de beca), Becario de Colaboración, Profesor Ayudante y Profesor Ayudante Doctor. Para concursar para mi plaza actual como la anterior, es necesaria una acreditación de una agencia del Ministerio, que se presenta como un método para garantizar un mínimo de méritos para acceder a los procesos de selección.

Mi contrato de Profesor Ayudante se terminó el pasado noviembre y, en la situación económica del momento, tuve la inmensa suerte de entrar en el denominado “plan de estabilización”, por el que saldría a concurso la plaza de Profesor Contratado Doctor. 

Mientras esperaba a que se saliera dicha plaza e iban realizándose todos los pasos, ocupé una plaza temporal de Profesor Visitante. Esto no deja de ser anecdótico, pero era una garantía para que la docencia que tenía asignada no dejara de darse.

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Y el concurso de la plaza se hizo público y me tocó competir con otras personas a lo largo de las distintas fases que lo comprendían. El resultado es de sobra conocido 🙂 .

Han sido unos 6 meses muy duros (casi 1 año si contamos desde que se solicitó la estabilización) y he hecho todo lo posible para que la “procesión me fuera por dentro”. Por ejemplo, he mantenido totalmente alejados a los alumnos de este tema, menos en el caso de aquellos que venían a pedirme que les dirigiera el Proyecto Fin de Carrera (o Trabajo Fin de Grado), pero siempre pidiéndoles la máxima discreción.

Los alumnos que estoy dirigiendo este año han sido conscientes desde el primer momento que a mitad de curso podría haberles dejado, y por ello organicé un plan B que pasaba por la co-dirección con distintos profesores que seguirían la línea del trabajo planteado.

Tengo que decir que no pude evitar emocionarme cuando algunos alumnos, al enterarse, me dijeron que estaban dispuestos a mandar un escrito al Rectorado o donde fuera necesario para que no me fuera a la calle

Pero aquí estoy, muy feliz con la posibilidad de continuar mi carrera académica en la UCM. Ahora puedo además contar que durante este tiempo fui tentado con varias ofertas de trabajo de cierta multinacional afincada en Mountain View, California.

Y puedo decir también, no sin cierto orgullo, que rechacé cada una de las ofertas. En los últimos 11 años he estado haciendo lo que más me gusta: investigar e impartir clase. Esto sería imposible (al menos de la misma forma) en otro sitio que no fuera una universidad y mis esfuerzos han ido siempre orientados hacia esta dirección.

Quizás no cobre tanto dinero como alguien de la industria, pero es que el complemento retributivo de este trabajo es mayor en cuanto a valor.

Un ejemplo de esta última afirmación es el premio a la calidad excelente que recibí este jueves de manos del Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

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Se trata del primer año que se hace, puesto que no es la primera vez que recibo una evaluación “excelente” en mi docencia, o un “está usted entre el 5% de los profesores mejor valorados de la UCM”, como se decía antes.

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Esto no hubiera sido del todo posible sin unos alumnos increíbles, motivados y con muchas ganas de aprender.

Y por supuesto, tampoco habría sido posible sin unos compañeros que han sido siempre una fuente de inspiración.

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Por cierto, ¡nuestra Facultad ha sido la que más galardones ha cosechado!  

Pero esta relación de recompensas no ha terminado. Falta una no menos importante que las anteriores.

De hecho, estoy que todavía no me lo creo.

El Ayuntamiento de la Leal Villa de El Escorial, el que es mi pueblo desde que tengo uso de memoria (me mudé con 2 años) ha hecho pública esta semana su decisión de imponerme ¡la distinción de “Hijo Adoptivo”! 

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Cuando la corporación municipal prácticamente al completo me lo comunicó me quedé de piedra y sin poder siquiera hablar (¡algo raro en mí!).

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El acto oficial de entrega de la medalla tendrá lugar el 11 de junio, día de San Bernabé (como no podía ser de otra manera). Y si ya era un escurialense orgulloso, haciendo todo lo posible por promocionar El Escorial en las distintas actividades que realizo, imaginaos ahora.

Durante todo este tiempo he aprendido una lección muy importante: todo duro trabajo tiene sus frutos, tarde o temprano. A medida que voy cumpliendo años, me doy cuenta que todos los madrugones, todas las “extensiones” de mi horario laboral (que ya de por sí es 24/7), todos esos fines de semana y puentes con cancelación de planes han ido cobrando cada vez más sentido.

Además, la recompensa sabe mejor cuando ésta ha sido producida con el sudor de la frente de uno. Si encima el trabajo está dirigido a los demás, a intentar mejorar algo de nuestra sociedad…

Y no menos importante, el apoyo que uno pueda tener a lo largo de su vida es primordial. Yo no estaría donde estoy si no me hubiera rodeado de gente maravillosa (familiares, amigos, compañeros, alumnos), que me han apoyado y motivado día tras día para dar el 200% de mí.

A todos vosotros, ¡GRACIAS!

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