Sep 012014
 

A fin de comenzar la semana con energías renovadas, el Prof. Jianfeng Zhan del Instituto de Tecnología de la Computación de la Academia China de las Ciencias, quien me recibió con grandes honores el viernes, dio instrucciones a sus alumnos para que me llevaran de excursión el sábado.

Como ya había estado en los lugares más conocidos en las rutas turísticas, decidieron innovar un poco y visitar conmigo sitios a los que la mayoría ni siquiera había ido. A este punto, tengo que decir que prácticamente ningún alumno de doctorado es de Pekín, sino que vienen de otras provincias, lo cual suele ser una experiencia muy interesante para ellos si obviamos el hecho de que sólo ven a su familia 3 veces al año.

La primera parada fue el hutong, que directamente quiere decir “callejón”. En Pekín es la zona que conforma el casco antiguo de la ciudad y que ha mantenido su estructura original.

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Especialmente durante el fin de semana, el hutong se llena de curiosos que aprovechan para ir de compras, puesto que algunas de las tiendas más antiguas de Pekín se encuentran aquí. 

Otros negocios digamos que… acaban de llegar:

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Aprovechamos para comer en un restaurante muy especial, puesto que se encuentra en la lista de los más longevos de la ciudad.

Las callejuelas son como “Blade Runner” pero de día 😉 .

 

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Allí, entre otras delicias, saboreamos unos daditos hechos de dulce de guisante, muy típicos de Pekín.

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El restaurante en sí está escondido en las “callejuelas de las callejuelas”. Tanto es así, que para ir al baño hay que acudir a uno de los públicos de los que dispone el barrio y que recibe la visita de sus moradores. Sin ánimo de ser escatológico, diré que en su interior se puede encontrar inodoros turcos en una disposición optimizada en cuanto a número de los mismos y… sin separadores.

En cuanto a los pobladores del barrio, es como si el tiempo se hubiera detenido. Mucha gente mayor se dedica a pasear, meditar o incluso retar a los vecinos a una partida de Mahjong, en la que sueltan más gritos que los parroquianos jugadores de dominó de cualquier bar del Bierzo.

 

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La quietud de estos “hutongs del hutong” (considerando las partidas antes mencionadas como quietud) se ve quebrada de vez en cuando por eventos como el rodaje de una de las muchas series que están causando furor.

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El hutong está rodeado por canales y un lago con bastante encanto.

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También es un destino elegido el fin de semana para hacer cosas en familia, como por ejemplo, pescar.

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Y por si fuera poco, es una zona de bastante marcha. Si ya estaba hasta los topes de día, ¡no me quiero imaginar durante la noche!

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Al ser occidental, me venían los relaciones públicas a agarrar casi literalmente del brazo para que fuera a su local… ¡vaya fama tenemos en España! 😀

Volviendo al lago, pude ver un tipo de embarcaciones típicas de China llamadas “barcas dragón”.

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A la de la foto le falta el mascarón de proa, que obviamente tiene forma de cabeza de dragón y que por motivos de conservación le fue quitada. El caso es que me vino a la mente enseguida la silueta de la góndola veneciana, así como la siguiente pregunta: ¿habrá tenido Marco Polo algo que ver en esta similitud? Todavía está en discusión si fueron primero los noodles chinos o la pasta italiana, pues ahora yo subo la apuesta con la barca dragón china vs. la góndola veneciana.

Nuestra siguiente y última parada fue el Palacio del Príncipe Gong.

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Espectacular, tanto por fuera como por dentro.

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Entre los objetos interesantes que se conservan está un par de gafas ¡con funda ultramoderna!

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El kit de campaña del buen soldado gourmet, compuesto por palillos, cuchillo y funda:

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Y una carta del mismísimo emperador, que no dejaba dudas de su procedencia:

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Cualquiera diría que el XML se inventó en China, ya que los distintos colores de la tela marcan secciones diversas de la carta 😉 .

Pero uno de los mayores encantos del palacio son sus jardines. Prueba de ello es que se convierten en lugar de peregrinación de los pekineses apenas se abren las flores que hay plantadas, puesto que su olor es el primero de la primavera que se puede captar.

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Y la de la primavera no es la única peregrinación. Son muchos los chinos que vienen a depositar oraciones en forma de tablillas pequeñas, colgadas o depositadas en prácticamente cualquier sitio.

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¡Casi nada!

La mañana del domingo lo dediqué sin embargo a terminar algunas cosas que tenía pendientes antes de mi llegada a China. Sin embargo, para la comida, volví a quedar.

Esta vez me llevaron a un restaurante especializado en noodles chinos y me encantó.

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Me estuvieron explicando que lo que hace tan especial este restaurante es que preparan los noodles mediante la forma tradicional, es decir, cortando la masa con un cuchillo. El caso es que me supieron a gloria.

Y como no todo iba a ser comer este domingo, decidí aprovechar los jardines de la Academia China de las Ciencias para salir a correr y entrenar. Hasta la fecha sólo había estado haciendo una tabla de entrenamiento funcional en la habitación, pero el poder disponer de un espacio verde es otra cosa.

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Eso sí, aquí el entrenamiento vale doble debido a la gran humedad y calor. Me siento como en Brasil 😀 .

Y efectivamente, con energías renovadas… ¡comienza la semana a tope!

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