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Hablando a las Barricadas: Inconsistencias del Texto Anti-Bolonia

¡Saludos revolucionarios!

Con motivo de una reunión informal de Ministros de Eduación de toda Europa en Madrid el próximo 8 de Abril, la comunidad estudiantil ha decidido movilizarse para mostrar su repulsión al Proceso Bolonia. En su página web han colgado un texto a modo de manifiesto que me ha llamado la atención, hasta el punto que he querido escribir este artículo con una opinión personal y razonada, desde mi óptica como Docente e Investigador Universitario.

Antes de nada, quiero dejar claro que no soy Pro-Bolonia como parece ser sí lo fueron en los primeros momentos algunos de los grupos que se levantan ahora en armas. Tampoco estoy de acuerdo con el actual sistema educativo. No obstante, el ser Anti-Bolonia, con el citado presupuesto es insostenible, tal y como intentaré razonar en las siguientes líneas. También quiero que quede clara mi admiración por la capacidad de organización y tesón de los grupos actuales, casi comparables a las mostradas en Mayo de 1968.

Dicho esto, comencemos con el texto en cuestión…

Texto teórico acerca del Sistema Universitario Actual

REFLEXIONES DE LOS ENCIERROS

Desde 2007 llevamos viviendo otra crisis endémica del capitalismo, en la que el agotamiento de la tasa de ganancia en la economía productiva conllevó, otra vez, a la desviación de la inversión a la economía especulativa, tanto financiera como inmobiliaria. Ante esta situación los gobiernos de los diferentes países de la Unión Europea no han hecho más que reiterar las medidas inspiradas en “el fin de la historia” y “la sociedad del conocimiento”, cuyo fin último es la perpetuación de un sistema insostenible que expande las desigualdades a escala global.

En el plano educativo se está incentivando cada vez más la vinculación unívoca de la educación en general, y de la universidad en particular, al sistema productivo que criticamos. Esto se está haciendo a través del Proceso de Bolonia, entendido como un cúmulo de reformas universitarias que se están imponiendo en 46 países de dentro y fuera del a Unión Europea y que en el Estado Español se han efectuado el nombre de Ley Orgánica de Universidades, los reales decretos aprobados el año pasado y la Estrategia Universidad 2015.

Ante esta situación, las y los estudiantes que hemos luchado contra la última reforma universitaria, nos hemos reunido para tomar decisiones en positivo sobre el tipo de universidad que queremos de cara a afrontar la lucha con mayor legitimidad. Las reflexiones que presentamos aquí se basan en los consensos a los que se llegaron en los encierros estudiantiles que tuvieron lugar los días 16, 17 y 18 de Febrero de 2010 en las principales universidades públicas madrileñas.

El primer párrafo es típico de este tipo de manifiestos. Desde luego, razón no les falta acerca de las causas de la crisis, pero reconozco estar cansado de “la globalización como causa de todos los males”. ¿Qué entendemos por globalización? ¿El sistema comunista que se aplicaba a la Unión Soviética “y satélites” puede considerarse globalización? Aquí reconozco estar saliéndome del tema.

Lo que no entiendo es esa crítica a la “vinculación unívoca entre la educación y el sistema productivo”, aunque más adelante se volverá a este tema.

Transformación estructural
Consideramos que la universidad no debe de estar subordinada a los dogmas capitalistas y neoliberales destinados a reproducir el status quo; sino que debe ser una institución con autonomía y vocación transformadora. Creemos que la universidad tiene que ser un espacio donde se fomente la crítica y el debate sobre el modelo productivo vigente para que pueda servir como herramienta hacia el cambio social.

Reconocemos la Universidad también como centro de formación, pero rechazamos la perspectiva utilitarista con la cual se está tendiendo a medir esa formación. Pensamos que cualquier tipo de conocimiento es beneficioso para la sociedad, independientemente de lo productivo que sea para el mercado. Además, esta formación, debe de ser de calidad; la universidad no debe formar precarios ni en el ámbito laboral ni en el cognitivo.

En lugar de una universidad subordinada al sistema productivo abogamos por una universidad donde quepan muchas concepciones de la universidad. Una universidad donde puedas capacitarte para conseguir un trabajo, donde puedas adquirir conocimientos por placer o donde puedas formarte para transformar la sociedad.

Apoyo firmemente esa independencia de la Universidad pero hay que abordar las cuestiones desde un punto de vista práctico, retomando lo comentado en el anterior punto. ¿Qué enseñanza le pedimos a un sistema educativo? Claramente, aquella nos permita sobrevivir a la vida que nos espera. La formación debe ser a dos niveles: técnica y social. Por técnica me refiero a aquella que pertenece al ámbito que hemos elegido, porque tras la Universidad, se espera que desarrollemos una actividad profesional. ¿Qué es el sistema productivo sino el entorno “para conseguir un trabajo”?. Formación social es aquella que nos forme como personas no solo a nivel individual, sino a nivel de comunidad. La formación técnica debe estar inevitablemente supeditada a la realidad laboral existente, tenga el apellido que tenga dependiendo del grupo que proteste (neoliberal, capitalista, …). Por el contrario, concuerdo con el texto en que la Universidad debe mantener cierta independencia y eso solo puede ser a nivel de la formación social, ya que dicha formación será la base de esa transformación (¿hacia dónde?) que se exige.

Sobre el “espacio que fomente la crítica y el debate” no puedo más que maravillarme ante tal milagro. No porque no exista, sino porque con el fracaso de la LOGSE y la ESO, cada vez son más los casos de “analfabetismo funcional” en el alumnado entrante. Aquí hablo por experiencia propia, pues me he encontrado con demasiados casos de alumnos que han llegado a la Universidad sin ser capaces de razonar un problema sencillo y con una cultura general más que deficiente. Esta última se ha intentado paliar con los llamados “Cursos 0″ pero claro, ¿cómo se va a aprender alguien en una semana lo que no ha aprendido en varios años?

En resumidas cuentas, no se puede hablar de un entorno de debate y crítica si no se tiene una base con la que trabajar. Y esto, evidentemente no es culpa de los grupos Anti-Bolonia.

¿Cómo sería la universidad que queremos?

En la Universidad se reproducen estructuras de poder, control y autoridad que criticamos. Se deben visibilizar estos dispositivos (cámaras de vigilancia, asistencia obligatoria, ciertas formas de evaluación, trabajo exhaustivo, profesorado con excesiva autoridad), que entrañan formas de discriminación por clase, género y edad, entre otras. Por ello reivindicamos la participación activa y horizontal de toda la comunidad universitaria en todos los ámbitos de la Universidad.

“Bolonia” constriñe el conocimiento y el estudiante se acaba convirtiendo en un contenedor estéril de competencias prácticas (productivas en el mercado laboral), en una persona infantilizada, alienada y pasiva. Se tratan de formas de aprendizaje que limitan la libertad y la pluralidad del pensamiento, algo que venimos sufriendo durante todo el sistema educativo (primaria y secundaria). El resultado de ello es un estudiante individualista, solitario e impotente ante el mundo que le rodea.

La universidad es un espacio propicio para reflexionar sobre el sistema educativo, sobre la manera en la que se imparten las clases y sobre los contenidos que en ellas se dan. Sin embargo, se debe implicar a toda la sociedad en el cuestionamiento del modelo educativo que hoy existe.

Este me ha parecido uno de los puntos más divertidos de todos. Me gustaría entender cuál es el concepto de autoridad de los grupo Anti-Bolonia que suscriben este manifiesto, ya que un profesor siempre deberá tener una autoridad sobre el alumno en tanto en cuando dispone de unos conocimientos que le está transmitiendo. La autoridad nace del respeto y el respeto se otorga al profesor porque dedica su tiempo en comunicar unas experiencias y unas vivencias que son útiles al alumno. Si nos encontramos en ese “sistema horizontal”, difícilmente veo que se pueda aprender nada. Pensemos que incluso en un taller como los organizados por estos grupos, existe una autoridad docente, y es aquella de quién está impartiéndolo. Volviendo al texto, quisiera saber qué entienden por “profesores con excesiva autoridad”.

Me gustaría también saber dónde está esa “discriminación por clase, género y edad” (“entre otras”). Sencillamente me ha sorprendido, así como lo de las personas “infantilizadas”.

Lo que me llama la atención es que se critique la asistencia obligatoria o el trabajo exhaustivo. En la Universidad pública, el Estado está haciendo una inversión anual para cada estudiante (aunque no tengo los datos, ésta puede ascender a 6000 euros por cabeza). Quien dice el Estado, dice el conjunto de los ciudadanos y entre ellos, un servidor. El no cumplir las obligaciones de estudiante y entre ellas, la asistencia a clase, supone robar la cantidad antes mencionada.

Dicho en otras palabras: yo no pago mis impuestos para que el niño de turno decida que se está mejor en la cafetería de la facultad que en un aula. La Universidad NO es una enseñanza obligatoria y si no se va a aprovechar, mejor dejar el hueco a otro estudiante que sí lo haga.

Autonomía y recursos

Rechazamos la injerencia de las empresas en la toma de decisiones de la vida universitaria, que a día de hoy, se realiza a través del consejo social. Consideramos que la toma de decisiones dentro de la Universidad tiene que estar basada en la horizontalidad y la participación. Consideramos que el actual sistema de representantes y delegados es ineficiente y poco democrático.

La Universidad debe garantizar el acceso a la educación a todas las clases sociales, es decir, debe de actuar como una herramienta de redistribución de recursos. Por otro lado se deben de fomentar iniciativas que construyan el sistema educativo de abajo arriba a través de la participación y la democracia directa. Se plantea en este sentido la reafirmación de una Universidad popular y redistributiva mientras se promociona la aparición, dentro de la institución, de iniciativas autogestionarias llevadas a cabo por la comunidad universitaria. En concreto nos referimos a seminarios y otros proyectos construidos desde la base que ayuden a generar la reflexión y la crítica dentro de la institución.

Volvemos al “sistema horizontal” y al espacio de debate sin base cultural… Se critica en el anterior punto el “Status Quo” pero esto no impide querer igualar a la baja la ordenación universitaria, basada en los conocimientos y el esfuerzo (aunque no exenta de críticas).

Formas de evaluación y metodología en clase

¿Se trata de evaluar la aptitud y merito de los estudiantes o su potencial productividad en el mercado?

Con Bolonia se instaura un modelo de evaluación exhaustiva que no deja tiempo libre a los estudiantes y les controla dentro y fuera de clase. El modelo que se está aplicado opera a través de prácticas que la mayor parte de las veces no tienen un sentido didáctico y que restringen la creatividad del estudiante y del profesor. Se trata de la aplicación dogmática e irreflexiva de una serie de procedimientos, una forma sofisticada y difusa de autoritarismo por parte de la institución, en el que median intereses mercantiles y productivos. Esto es muy perverso para el papel que juega el estudiante, que tiene menos tiempo para socializarse y desarrollar actividades en la universidad.

Asumimos la importancia de metodologías flexibles y plurales, menos autoritarias y más participativas, en las que también se tenga en cuenta el conocimiento generado colectivamente. Cada clase y cada rama del conocimiento constituye un contexto particular, por lo que no se pueden estandarizar un modelo (sea más práctico o más teórico). Abogamos por la participación y la interacción de los estudiantes a la hora de decidir sobre el modelo de evaluación mediante el diálogo constructivo en aras de una adquisición del conocimiento en óptimas condiciones.

Se debe tener siempre en cuenta problemas dentro de las clases, pues existen relaciones de poder de clase, de género, y otras formas de discriminación, a la hora de su planificación e impartición.

Dentro de las formas de aprendizaje universitario no tienen cabida los prácticums ni las prácticas en empresa. Tener que pagar para trabajar es una forma de explotación que resulta absurda para la formación del estudiante. Las prácticas en empresa suelen estar medio improvisadas y las labores de tutoría son precarias. Quitan tiempo para aprender y adelantan la participación acrítica, pasiva y servil en el mercado de trabajo, así como la existencia de empleos precarios e infrapagados.

¿Se trata tal vez de evaluar quizás la aptitud del estudiante para enfrentarse al mercado?

El derecho del alumnado a decidir el método de evaluación me parece un sinsentido. ¿Cómo va a poder decidir cómo evaluar alguien que no ha dado todavía esa asignatura? El sistema de evaluación va acorde con una visión global y si se carece de ella, la decisión no tiene sentido.

Por otro lado, ¿cómo no van a tener cabida las prácticas en empresa si es una forma de ver el ambiente que le espera al estudiante a la salida? Otra cosa es que este sistema se haya pervertido, pero habría entonces que luchar para mejorarlo, no para erradicarlo.

Formación universitaria

Se asume que el nivel de decisión de los estudiantes sobre lo que estudian debe estar supeditado a su experiencia y conocimiento previo. Por ello sería interesante la involucración de los estudiantes ya certificados y con más experiencia en la planificación de las guías docentes y los planes de estudio. Deben existir canales eficaces y efectivos para esto, más allá de la precaria representación estudiantil existente en la mayor parte de las universidades.

La formación debe ser crítica, es decir, nunca dar nada por asumido: toda forma de conocimiento está politizada y situada sociohistoricamente. Una forma de conocimiento creativo, interpretativo y crítico (en relación, también, a la articulación de diferentes perspectivas y a la interdisciplinariedad) es necesaria y Bolonia no apunta hacia ello, debido al énfasis de la aplicabilidad del conocimiento al ámbito profesional.

No se debe promover un modelo de universidad en el que el estudiante sólo busque certificarse para la futura búsqueda de empleo. La Universidad es mucho más que eso: reivindicamos una formación universitaria decente que dignifique el conocimiento. Que sea crítica y reflexiva, para que nos permita abordar el mundo crecientemente complejo en el que vivimos y nos de herramientas para transformarlo profundamente.

Es decir, ahora el concepto de autoridad se vuelve a defender. Estos “alumnos certificados y con experiencia en planificación de las guías docentes” se llaman… ¡profesores!

La Formación crítica me parece una muy buena idea, siempre y cuando se llegue a la Universidad con la base cultural necesaria. Desgraciadamente, ya sabemos que esto no es así.

Y nuevamente, en el último párrafo, se defiende esa “sociedad productiva que tanto combatimos”, con la búsqueda de empleo por parte del estudiante. ¿Sabemos ya lo que se pide de la Universidad?

La docencia

No se plantea una forma de control o castigo a los profesores. Se trata de hacer estudios profundos, rigurosos y totalmente públicos que presenten la opinión de los estudiantes sobre la Universidad, las clases y los profesores. No un simple test o la aplicación de unos criterios externos (de la ANECA, por ejemplo) ajenos a la comunidad universitaria. Deben tenerse en cuenta las diferentes realidades de cada universidad y no simplificar esta manera de mejorar la Universidad y de cuestionar los excesos de autoridad en las aulas.

Deben instaurarse mecanismos que visibilicen los currículums ocultos del profesorado. Somos plenamente conscientes del altísimo nivel de corrupción de la mayor parte de departamentos en la Universidad del Estado; del amiguismo y nepotismo que marca las relaciones profesionales; del poder incuestionable y preponderante de los catedráticos. La reforma de Bolonia se mantiene absolutamente al margen de estos problemas, ha creado una agencia de evaluación que no es más que un simulacro donde se reproducen y re-legitiman las relaciones de poder.

Recalcamos también la necesidad de combatir la precaria situación de la mayoría de los docentes en cuanto a su estabilidad económica y derechos laborales, entendemos que esto puede suponer una criba importante a la hora de establecer las condiciones ideales que posibiliten óptimamente el enseñar, y por lo tanto, el aprender.

Me hace gracia la primera frase con lo de los castigos a los profesores, aunque ya sé que no se plantea (menos mal).

Los grupos firmantes han oído campanas sobre las agencias de evaluación. Los revisores de la ANECA, que es el ejemplo que se pone, son profesores de la propia Universidad, así que este punto carece de todo sentido. Es más, a la hora de evaluar la docencia, se debe presentar la puntuación obtenida en las encuestas internas rellenadas por el alumnado. Dichas encuestas se toman al pie de la letra y sin contrastar con elementos objetivos como las hojas de firmas. Además, se da el caso asimétrico en el que mientras al alumno se le pregunta por la educación mostrada por el profesor, al profesor no le aparece dicha pregunta. Incluso hay veces, aunque parezca mentira en el Siglo XXI, me gustaría poder evaluar la higiene de ciertos alumnos.

En cualquier caso, se agradece ese pensamiento hacia la “precaria situación de la mayoría de los docentes” del último párrafo.

El sistema de becas

El actual sistema de becas no compensa las barreras que algunos problemas estructurales ponen al acceso a la universidad. Las becas a fondo perdido son insuficientes y limitadas; las becas préstamo hipotecan al estudiantado e incrementan las desigualdades sociales; las becas laborales es una forma de explotación y promoción del empleo precario por parte del mismo Estado.

Ante ello, exigimos una universidad radicalmente pública y popular, que garantice la posibilidad de acceso a toda la población sin que afecten condiciones socioeconómicas o culturales.

Por una parte, los sistemas de becas deben asegurar esta accesibilidad a los sectores sociales más desprotegidos (el umbral 1). Por otra, los individuos con rentas situadas en los quintiles superiores no deben recibir ayudas económicas, como medida para concentrar la asignación de becas a los sectores sociales desfavorecidos. En este sentido, rechazamos las becas de excelencia, entendiendo que con ellas no se premia el esfuerzo tanto como algunos factores de carácter socioeconómico. Pensamos que deben crearse otros sistemas alternativos que incentiven el esfuerzo. Asimismo, la cuantía de las becas concedidas debe conceder como mínimo el equivalente al salario mínimo interprofesional.

El Observatorio del Control de Becas debe funcionar de una manera totalmente democrática, y en él tienen que participar también los estudiantes. Ello asegurará el cumplimiento de la asignación de las becas y garantizará que sean una herramienta contra la desigualdad. Este organismo puede establecer las medidas para asegurar que las becas son aprovechadas por los estudiantes para el estudio y que se ajustan a sus necesidades. Por último, los Consejos sociales no deben mediar en la otorgación de ninguna beca, ni en la fijación de los criterios para ello.

Por último, la compensación al mérito creemos que es una forma de alimentar las desigualdades ya existentes, ya que, debido a la sociedad y el sistema en el que vivimos, no todos los estudiantes contamos con las mismas condiciones socio-económico-materiales para el desarrollo de nuestras aptitudes académicas.

Becas siempre habrá pocas y estoy de acuerdo en las afirmaciones de este punto. No obstante, siempre queda el aspecto de la evaluación del aprovechamiento de las mismas. Uno siempre puede pasarse en horas de clase por la cafetería de Filosofía de la UCM…

Un sistema alternativo a las patentes privadas

Criticamos el sistema de propiedad intelectual privado que rige la actual producción y distribución del conocimiento.

Rechazamos la financiación privada de la universidad e, igualmente, la utilización de la investigación universitaria para el enriquecimiento por parte de las empresas a través de las patentes. Consideramos que los resultados de la investigación universitaria deben ser gestionados por las universidades en su conjunto. Dicha gestión debe ajustarse al funcionamiento de la licencia “creative commons”. Pudiendo utilizarse para proyectos de intervención social, desarrollo e investigación por entidades sin ánimo de lucro, sean públicas o autogestionadas. La posible transferencia de estas licencias a empresas con ánimo de lucro respondería, según el caso, al cobro de una tasa por su uso o directamente a su negación.

Para ello se dispone de una Oficina de Transferencia de la Investigación pero de nuevo, todo sistema es mejorable.

El estudiante como sujeto político

La Universidad debe generar herramientas y condiciones que fomenten la participación, la reflexión y la crítica en todos los ámbitos de su institución. Herramientas de participación horizontal en la vida política universitaria: asambleas de clase, portavocía, delegación rotatoria… Condiciones basadas en la mayor disponibilidad de conocimientos y de tiempo libre para dedicarlo a la vida extraacadémica. Una socialización al margen de la demanda de productividad es esencial para la vida universitaria, para la motivación de la imaginación y la reflexión. Solo así se posibilitará la existencia de estudiantes activos, críticos y políticos.

Es imprescindible que los estudiantes reconozcan sus intereses comunes en una pluralidad de identidades y se reconozca en una lucha por reivindicarlos. Así se podrá hacer ver muchos de los conflictos que existen en la sociedad. La lucha estudiantil es parte de una batalla más amplia. Las luchas que se dan en la sociedad son parte de la lucha estudiantil y de ellas queremos hacernos eco.

Vuelta a que sin base, no hay herramientas que valgan

Relación entre la Universidad y la Sociedad

Este tema dio lugar a un debate del que surgieron muchas cuestiones acerca de la intervención de la sociedad en la gobernanza de la universidad, qué tipo social ha de intervenir y la forma de participación del mismo.

Ya que hoy nos encontramos en una sociedad capitalista, utilitarista y mercantil, reflexionamos sobre la influencia que podría tener sobre la Universidad el excesivo contacto con la misma y acerca de la posibilidad de la total autonomía como posible vía exclusiva para evitar el desarrollo de ciertas lógicas y alimentar la postura más crítica. A su vez, debatimos sobre la orientación de la Universidad a la satisfacción de las necesidades sociales y a la concretización de sus objetivos necesariamente imbuidos por una inmersión y reversión en lo social.

De este complejo debate reflexionamos acerca de la deseada existencia o no de un “consejo social”, intentando esbozar bajo hipótesis quién lo compondría, cómo y para qué, así como a nivel general qué otros canales alternativos se podrían instaurar que relacionen Universidad y sociedad y si acaso esta relación se considera necesaria o fundamental. Cabe destacar la reflexión acerca de la función social de la Universidad y en la medida que afecta a la sociedad en conjunto, y cómo la sociedad, puede afectar y de qué manera, también a la Universidad

Este último punto establece provechosas propuestas de líneas de debate que invitamos a enriquecer, autoresponder y reflexionar.

Estamos en “una sociedad capitalista, utilitarista y mercantil” pero a la vez el alumno debe preparase para buscar trabajo, ¿en qué quedamos?

Bueno, aquí han ido mis opiniones sobre este texto. Más acertadas o no, he intentado razonarlas al máximo y aportar, como se dice al final, un debate sobre este tema de gran transcendencia para la Comunidad Universitaria. Bolonia es inminente y desde luego es mucho más que mejorable. Felicito nuevamente a estos grupos nuevamente por su energía y su tesón y de verdad espero que su esfuerzo se vea recompensado, aunque como ya he hecho ver antes, algunos de sus puntos carecen de sentido.

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