Todos tenemos todavía presente el infierno que se ha desatado la madrugada de ayer en Viareggio. Un mercancías con varios tanques de gas hizo explosión a su paso por la estación.
Lo impactante para mí no ha sido tanto el número de víctimas, como la ubicación de la mayoría de las mismas: sus casas, construidas a muy poca distancia de la estación.
Y es que si nos paramos a pensar, no es necesario salir de España para encontrarnos con las mismas condiciones que agravaron la catastrofe. Ni mucho menos salir de nuestro querido pueblo.
Efectivamente, me refiero a las viviendas que se apresuraron a construir en lo terrenos vendidos hace unos años por RENFE, ADIF o como quiera llamarse.Al principio pensé que de vivir allí, estaría quejándome por el ruido que hacen los trenes (las vías pasarían a escasos de mi ventana) pero ahora… estaría con el pavor de que lo de Viareggio se pudiera repetir.
Porque tanto aquí como en Italia, se usa el ferrocarril para transportar materiales peligrosos. Tanto aquí como en Italia, la normativa obliga a que dicho transporte se realice por la noche para minimizar el número de víctimas en caso de accidente (de noche el tráfico de pasajeros es muy reducido). Pero… lo que ninguna de las dos normativas recoge es que a pocos metros del posible accidente viva gente. Y esto es debido a que una pandilla de sinvergüenzas hayan vendido, recalificado terrenos y construido viviendas, sin importarles lo más mínimo la seguridad de la personas.
Y si pensamos que esto es un hecho aislado… ¿por qué no echar un vistazo al resto de estaciones de Cercanías? ¿Dónde están las casas en estaciones como la de Villalba?
¿Hemos aprendido algo de la catástrofe de Viareggio?






Siempre está bien reclamar algo más de seguridad en el ámbito que sea y denunciar que las cosas en general se podrían hacer mejor.
Sin embargo, creo que se trata de un problema más complejo que el hecho de que \’una pandilla de sinvergüenzas hayan vendido, recalificado terrenos y construido viviendas\’.
Para empezar hay que tener en cuenta la necesaria asunción de riesgos en la sociedad. Se ha convenido socialmente que se lleven a cabo actividades peligrosas, porque se ha valorado que al cabo del tiempo el beneficio es mayor que el perjuicio; incluso se llegan a asumir perjuicios permanentes (tratando de minimizarlos, eso sí) a cambio de otros beneficios que también lo son (utilización de combustible y sus efectos). Y todos nosotros somos actores en ese sentido; por ejemplo por el mero hecho de conducir un vehículo estamos corriendo el riesgo de provocar una desgracia, a diario. Se podrían sumar mil circunstancias por las que corremos peligro y por las que hacemos correr peligro a los demás.
En el caso de la mercancía por ferrocarril de sustancias peligrosas, creo que la raíz del problema no se resuelve culpabilizando a especuladores (más allá de que efectivamente lo sean). No soy, desde luego, un señor experto en ferrocarriles, sin embargo mi corta experiencia me dice que, si no la mayoría, un grandísimo número de estaciones se construyeron dentro de los pueblos, rodeadas de casas, o se construyeron como centro de referencia para construir a su alrededor; como mínimo, muchas vías están colocadas entre casas independientemente de dónde quede la estación. El origen está en la falta de concienciación desde hace décadas y en la tendencia a hacer de la estación algo accesible y cercano.
Las mercancías peligrosas hay que transportarlas, eso es así y creo que es imposible no asumir riesgos. Si no se trasladan por ferrocarril, es por carretera, adentrándose en multitud de travesías rodeadas de casas y de gatitos atropellados (no en todas partes se han construido autovías). Para mí, la mejor solución es el soterramiento de las vías y de las estaciones (práctica cada vez más extendida) o la creación de nuevas estaciones en el exterior de las poblaciones, que rodeen a éstas y no las atraviesen.
Estoy completamente de acuerdo contigo en el hecho que el origen del problema no se debe exclusivamente a la especulación. Si bien es cierto, el permitir la construcción de infraestructuras ferroviarias en núcleos urbanos como tú indicas (“falta de concienciación”), también obedece a la especulación y desidia).
Efectivamente, se trata de un problema grande, difícil de atacar de una sola vez… a no ser que se divida en pequeños problemas más fáciles de abordar. Ésta ha sido mi idea.
Antes de que derribaran “el muro”, existía una distancia de seguridad entre la estación de El Escorial y las casas. ¿Antes había poca seguridad? Probablemente, pero seguramente ahora hay mucha menos.
Eso sí, que conste que yo también abogo por el transporte de mercancías por la red ferroviaria (¡salvemos a los gatitos! ¿es que nadie va a pensar en ellos?
).
Por cierto, muy buena tu contestación al artículo de “CARTA DE UN EMPLEADO DE BANCA”… ¡creo que no puedo estar más de acuerdo contigo!