Perdone… ¿ha perdido usted una tortuga?
Mañana surrealista en Pijuelo.
Resulta que el viernes mi asistenta me pidió que le echara un vistazo a una carta que le han mandado de mi hospital, porque no entiende lo que le piden. Yo, encantada, cómo no. Le dije que la trajera el lunes (ayer), pero se olvidó. Así que quedó en traermela esta mañana, aprovechando que venía a casa de mis vecinos. A eso de las 11 aparece en mi puerta, toda acalorada la mujer, diciendo que hay que ver, qué tarde llega. Cuando le pregunto por la carta me dice: “Ay, Cristinita, se me olvidó. Pero mira lo que me he encontrado”, y me da una tortuga de unos 15 cm de largo por 10 de ancho.

Cuando le pregunto que de dónde ha sacado semejante ejemplar, me dice que “de un callejón”. ¿Un callejón? No me suena… “Sí, el callejón ese que es puro monte donde la gente pasea a los perros”… Puro monte… Por fin adivino de lo que me está hablando: un espacio entre dos casas que da a la parte de atrás de la urbanización y que está bastante asalvajado. Supongo que “puro monte” es una forma de describirlo tan buena como otra cualquiera.
Entonces, antes de que pueda reaccionar, me dice que tiene muchísima prisa, que llega tarde a trabajar y que se va, que ya me traerá la carta mañana. Sale escopetada y me deja ahi, de pie, con una tortuga tamaño XXL en la mano y con cara de idiota. ¿Qué se supone que tengo que hacer yo ahora con una tortuga????
En esas aparece mi hermana que me dice, con mucha lógica por su parte, que qué narices hago sujetando una tortuga. Le cuento la historia y ella, ni corta ni perezosa, decide que la tortuga se va a llamar Maggie y que qué monísima es. “No sé, me imagino que será de alguien,” le digo. “Seguro que hay algún niño en la calle loquísimo buscando a su tortuga”. “Sí, ¡¡a su tortuga Maggie!!!” ¿Hein?
Total, que meto a la tortuga en un barreño con un poco de agua, porque la pobre tenia pinta de estar a punto de fenecer deshidratada, y me pongo a pensar en qué casas de la calle pueden tener una tortuga. Al principio parece un poco tímida, pero la jodía en seguida coge confianza y se dedica a intentar morderme y a gruñirme. ¡Lo juro! No sabía que las tortugas tuvieran cuerdas vocales y pudieran gruñir… y menos con esa energía. Le doy lechuga, por si además de sed tiene hambre, pero no quiere saber nada de ella. Su única ilusión es escaparse del barreño, para lo cual hace mil y un ejercicios:


Mi gata, evidentemente, se interesa muchísimo por la cosa esa que se mueve dentro de un barreño. Pero la curiosidad le dura poco a mi pobre Mari Juli, que recibe un mordisco en la nariz al acercarse más de la cuenta. Desde entonces, prefiere observar a distancia:

Mi hermana y yo decidimos salir a la calle a preguntar por los dueños de la tortuga. Cojo a “Maggie” y allá que vamos. Ni que decir tiene la tremenda vergüenza que siento cuando llamo al timbre de la primera casa y pregunto: “¿Han perdido una tortuga? Es que me he encontrado una en la calle y no sé de quién es…” ¿¿Perdona?? Cualquiera pensaría que le están vacilando. Para colmo, nadie tiene tortuga ni sabe quién puede haberla perdido, así que me meto en casa con la tortuga y la devulevo al barreño.
Al rato llega mi madre del trabajo y, cuando le contamos la historia, se emociona y dice que ¡¡qué ilusión le hace tener una tortuga!! Ella tuvo una de pequeña y pretende quedarse con ésta. Está de acuerdo con mi hermana en que “Maggie” es el nombre perfecto para una tortuga. No sé para qué quieren una tortuga que es una borde integral y una salvaje. Si se llevara bien con la gata, todavía, pero está claro que ahí no hay feeling.
Mientras me decido a volver a llamar a los timbres en busca del legítimo dueño de la tortuga, mantengo la puerta de la cocina bien cerrada, no vaya a ser que se escape y se coma a mi gata o algo
3 Comentarios »
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“Maggie”… bonito nombre con reminiscencias de Rod Stewart
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Comentario dejado en 24 Junio, 2008 @ 5:40 pm
Pero Cris… tu imaginate que estás tan feliz, cual galápago, pululando por el monte cuando de repente un ser más grande que tú (que a saber qué hacia campeando por las rocosas montañas), te agarra y te suelta en casa de un ser que en vez de hacerle una fiesta con globitos le suelta a un bicho de cuatro patas que intenta ¡¡olerle!!
¿Gruñír? me parece poco… jajajajajajajajaja
Comentario dejado en 25 Junio, 2008 @ 11:14 pm
Qué bien! Podemos peinarla….ponerle vestiditos….Maggie va a ser tan feliz….Porque las tortugas también son de Dios y hay que darles besos y ponerles lacitos rosas en el ¿pelo?…
(La autora del comentario ha sufrido un ataque de diabetes: demasiado azúcar)
Comentario dejado en 26 Junio, 2008 @ 1:12 pm