Buenas tardes, queridos lectores.
Aquí me encuentro en la última sesión, antes de embarcarme en una expedición al centro de Taipei que nos hará vivir mucha emoción y aventuras. Adivinad con qué país conectamos remotamente para una de las charlas principales esta mañana:

Pista: Mirad el bichejo que está al lado del conferenciante
.
Con “máquinas de los millones”, nuestros ancestros se referían a las máquinas de “Pinball” y otras de azar. He querido hacer mención de las mismas por artilugios como el que reproduzco a continuación:

Por un 50 Nuevos Dólares Taiwaneses (1 Euro y 4 céntimos según la cotización de hoy), se puede disfrutar de una auténtica cena a base de noodles chinos. Digo noodles y no pasta, porque todos sabemos de sobra que la pasta se inventó en Italia y la llevó Marco Polo a China
. Una vez clarificado este dato histórico, me queda explicar el modo de empleo. Una vez que se ha sacado de la máquina cualquiera de los tarros que veis en la foto, basta con añadirles agua caliente. El agua caliente aquí es un derecho universal inalienable, y es por eso que se puede en cualquier rincón un artefacto que te la suministre. En sitios donde el suministro de agua caliente está limitado (residencias, hostales) y no se dispone de un calentador o tetera, éste se garantiza a la hora del desayuno y la cena.
Cuando examinaba la máquina, un local me explicó como funcionaba el tema, me recomendó el segundo de arriba empezando por la izquierda y hasta me quería invitar. Tal y como dije, aquí la hospitalidad es exquisita. Más de una vez he preguntado el significado de algún carácter y hasta me han dado la etimología.
Otro detalle que me ha llamado la atención siempre ronda alrededor de esta dicotomía tradición/tecnología. Se trata de las vistas que tenemos en el ala oeste de la Academia Sinica.

¿Quién diría que a pocos kilómetros se encuentra una de las mayores urbes conocidas? Sí, Sonny, parece un paraje sacado de las películas de Rambo
.
Dudo que de este campo en particular salgan las flores del siguiente documento gráfico.

Mi colega portugués del CERN se prestó gentilmente a posar para comparar la altura. Los orientales se piran por las flores, sin duda como transmisoras del color. No hay rincón del Simposio que no haya sido decorado con estas integrantes del reino vegetal. Lo que me chocó de este ¿ramo? de flores es el cartel que tiene encima. IBM, uno de los patrocinadores del evento, ha sido quien ha donado estas flores. Y eso se traduce realmente como un patrocinio, como si para FITUR, “Cañerías Pepe S.L.” dona un ramillete de gladiolos. Aparte que no durarían ni 10 minutos en el afán de la gente por llevarse “merchandising”, dudo que en España se diera una situación así.
Y un último apunte tecnológico por hoy… se trata de la foto de grupo del Simposio. 40 minutos después de sacárnosla, ya estaba impresa y colgada en el panel. Aquí os la pongo para que me busquéis (tenéis que pinchar en ella para verla en su tamaño real). Eso sí, la calidad no es tan buena porque al no estar todavía colgada de la web, le saqué una foto directamente:
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Eso es todo por ahora. Lo de dentro de un rato será un poco de relax antes de la charla que tengo mañana, ¡a ver qué tal me sale!




