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Misión a Taiwán: El Laberinto del Fauno Existe…

… y es el mismísimo aeropuerto de Amsterdam.

Buenos días, tardes o noches, queridos lectores. Os escribo desde el recinto de la Academia Sinica, ubicado en la zona boscosa de Taipei (sí, a pesar de ser una gran ciudad, también gasta de eso).

Las últimas ¿24? horas han sido muy trepidantes, ya que el viaje ha tenido sus incidencias pero todo terminó bien afortunadamente.

En el check-in de Barajas ya me avisaron que el vuelo iba a tener retraso. El avión venía de Londres y ahí la nieve parece haberse aliado con los tibetanos para apagar la llama olímpica. El chico del mostrador me dijo que no me preocupara, me buscó unos sitios “de lujo” (palabras textuales) para salir escopetado y además, me facilitó un mapa del aeropuerto de Amsterdam que reproduzco a continuación.

Mapa Aeropuerto Amsterdam
Como véis, están indicados los tiempos entre “checkpoint” y “checkpoint” (al más puro estilo Need For Speed).

El primer problema surgió cuando salimos de Madrid con… ¡1 hora de retraso! Aun así, la tripulación confiaba en que todo saldría bien y no perdería la conexión.Cuando nos acercábamos a Amsterdam, se pasó de un aviso por la megafonía del avión en el que nos avisaban habría personal de tierra de KLM para recogernos. A continuación, un auxiliar de vuelo me cogió por banda y me dio una mala noticia. KLM había decidido prescindir de mí como pasajero del otro vuelo porque no pensaban que pudiera llegar a tiempo para cogerlo. “Traidores, ahora entiendo porqué invadimos con Alatriste los Países Bajos”, pensé. “Ya me has dado las malas noticias”, le dije, “ahora necesito que me des soluciones”.

Tenía dos soluciones: La primera era ir a la ventanilla de Transfer y que me solucionaran la papeleta, con lo que me iría un día más tarde y obviamente (o no), me pagarían la noche de hotel. La segunda era hacer lo imposible, marcarme un “Carl Lewis” y plantarme en la puerta de embarque antes de que la cerraran. En esta segunda solución se daba por hecho que viajaría sin la maleta. Suerte que siempre llevo una muda en la mochila (el congreso de Manchester sentó un duro precedente).

Decido que como es año de las Olimpiadas, voy a tentar a la suerte. Total, el quedarme en tierra ya lo tenía. Así que optimicé el reparto de carga en la mochila y mis bolsillos, me puse en posición de listos y… una mano policial me paró para pedirme el pasaporte. Bueno, era un control rutinario a todos los viajeros, “se pasará rápido y podré correr a continuación”, pensé. Craso error, los policías me apartan y se empiezan a pasar mi pasaporte entre ellos.

El de aspecto más paternal (de ahora en adelante, “el poli bueno”) inició una rutina de mirarme, mirar el pasaporte, volverme a mirar, volver a mirar el pasaporte… yo creo que se mareó. Empieza a farfullar en holandés y le entiendo la palabra “Brille”. “Brille” son gafas en alemán y como el holandés se parece bastante (y seamos algo malos, Holanda fue Alemania durante una temporada), decidí quitarme las gafas y decirle: “Besser mit Brille oder ohne?” (¿Mejor con gafas o sin ellas?) con una sonrisa de niño bueno. Él, que estaba entonces comparando mi foto con la de varios retratos robot, tuerce el gesto y me explica en inglés (por fin) que es un verdadero problema que no me parezca al de la foto. En mi descarga dije que me había comenzado a cuidar desde hace poco, de ahí que tuviera más pelo y menos volumen. Él me soltó un sermón sobre que esto me dará problemas en el mundo entero porque me van a parar mucho. Enfadado, conté hasta 20 y luego, con la mayor educación y tono calmado posibles le respondí: “Caballero, todo el mundo no sé, pero llevo viajando por varios países con ese pasaporte, mire por ejemplo la entrada en Brasil de la página 4, y ésta es la primera vez que un defensor de la Ley me para por algo así”. Al deducir que este movimiento “Zas, en toda la boca” podría tener una respuesta contundente, eché mano de la frase de emergencia: “No obstante, sí me siento más seguro sabiendo que ustedes están haciendo estos controles”. Lo único que le quedó por hacer al buen hombre fue devolverme el pasaporte dejarme ir.

En ese momento, en mi cabeza comenzaron a sonar varias pistas de Progressive mientras mi corazón se aceleraba para bombear suficiente sangre a mis piernas. La loca carrera por la terminal de Amsterdam había comenzado y ya me había confundido un par de veces de salida. No nos habían soltado en la puerta que me dijeron. Eso merecía el ahorcamiento por doble traición. Pero yo seguí corriendo, sacándole partido al fondo aeróbico que me brinda la Capoeira. En mi camino, me encontré desde una pareja que no se movía ni a la de tres en una cinta (y eso que ponía claramente que se pusieran a la derecha para dejar paso a la gente con prisa) y que despaché en alemán pasando por el medio (ahora entiendo el verdadero sentido de la Blietzkrieg), hasta una tía que iba por todo el medio de la cinta. Ésta última trajo algo de cola y reconozco que me enfadó: al no poder hablar del sofoco, le hice notar mi presencia pateando más la cinta sin éxito. Entonces, encontré un hueco en un lateral y pasé de lado. La tía pegó un berrido y me insultó en inglés, insulto que tuvo su respuesta al más puro estilo Slum Londinense (me indignó tanto que pude hablar algo).

La meta parecía muy lejana, era la puerta más alejada de la sección, y todo parecía estar en mi contra. Llegué con la lengua fuera, coloqué el pasaporte y la tarjeta de embarque encima del mostrador y escenifiqué mi derrumbe para dar más pena, recordando al primer corredor de la Maratón. Lo chocante vino cuando la empleada, con un gesto de auténtica flema ¿holandesa? me dice “Llega usted muy bien, pase por aquí”. Es aquí cuando me pareció ver que salían los créditos de “Más Alla del Límite” encima de mi cabeza.

Pregunté por mi maleta y me dijeron que ningún problema, que ya habían dado la orden de llevarla al avión. Yo ya tenía preparada un escena y un entremés para que dieran garantías de que así fuera, pero su seguridad me contuvo.

Limpiadores de Bangkok
El vuelo transcurrió tranquilo, pude descansar algo y además, una azafata muy amable me confirmó que mi maleta se encontraba en la bodega. Esta tranquilidad solo se vio turbada cuando hicimos escala en Bangkok. Los que nos quedamos en el avión sufrimos la invasión de unos 30 trabajadores que fueron limpiando los asientos y reponiendo lo que faltara. Cada uno/a tenía una función precisa: barrer el suelo, reponer reposa cabezas, recoger mantas… y en ningún momento entraban en colisión. Estuve estudiando la compenetración y labor de equipo cuando uno de estos me propinó un empujón, haciéndome saber “amablemente” que estaba estorbando.

Me esperaban...
¡Y por fin llegué a Taipei! Pasé el control de pasaportes muy rápidamente (contra todo pronóstico de la policía holandesa) y mi maleta ya me estaba esperando. Salí del aeropuerto y me metí en un taxi, que me llevó a todo un mundo de luces y color. No, no os penséis que me tomé algo o que me puse a leer la saga de Alicia. ¡Taipei está llena de tuneros! ¡Comenzando por el mismísimo taxista! El taxi esta lleno de luces por dentro y, lo que más me llamó la atención, fue el cuentakilómetros proyectado contra el cristal. Al principio pensé que era un caso fuera de lo normal pero cuando nos metimos en la autopista, ¡hasta los camiones de la obra tienen neones! Y no solo neones, flashes, luces rojas y azules… vamos, todo aquello que está prohibido en España de forma tajante. Otras mejoras, no sé, pero aquí se mueren por las luces.

Foto Movida de Taipei
Finalmente, tras una hora de coche en la que pude admirar (y sacar como se puede comprobar, alguna foto movida de las increíbles torres), llegamos al recinto de la Academia Sinica. Dentro, el taxista se me perdió, así que lo tuve que dispensar para seguir el camino a pie. Pregunté por el camino y, para mi fortuna, me encontraba cerca.

La habitación es enorme, el trato esquisito y, lo que no puede faltar, una gran provisión de té con su tetera eléctrica como dicta la tradición.

posted by Angelo Nero in Viajes and have Comments (2)

2 Responses to “Misión a Taiwán: El Laberinto del Fauno Existe…”

  1. Bluevelvet dice:

    Desde luego…mira que eres exagerado; ni que te hubieras ido a La China (popular)!!! Estas mimadísimo….

    Ciuando leo tu retrato me siento como una oficinista gris cuya mayor emoción del día es posicionarse frente a la máquina del café y pensar “”capuccino”" o “”con leche”"; (las dobles comillas hacen referencia a que nadie puede asegurar que se trate de café y leche lo que contienen la malvada máquina)…más allá de eso….

    Estoy orgullosísima de ti, de ver cómo el trabajo prevalece sobre el resto de cosas y me hace feliz ver cómo lo disfrutas; you are a lucky man!!
    Deseando estoy de que me cuentes todas las cosas que has visto y aprendido….

    Te quiero!!!!

    (Señor, gracias por no retenerle en Bangkok; Dios sabe que las thailandesas son inventos del demonio que, cual súcubos, destrozan familias y hogares)

  2. Angelo Nero dice:

    Ni siquiera en Bangkok dejé de pensar en ti…