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El Escorial, San Lorenzo y alrededores.

Empatía

El otro día, haciendo cola para pagar en Sfera, detrás de mi, había una señora con muchísima prisa (imagino que tendría una recepción en su casa con el Duque de Windsor) y no paraba de quejarse. “¿Por qué tarda tanto? ¿no podrá esa cobrar más rápido?”

Esa voz estridente hizo que saliese de mis pensamientos y mirase hacia caja. Efectivamente había una chica en caja y el cliente al que estaba atendiendo, le había dejado una montaña de ropa que se iba a llevar. La chica no podía ir más rápido de la velocidad de sus manos.

Llevo trabajando desde los 17 años; la experiencia me ha enseñado que con este tipo de clientes, hay que evitar discutir y no dejarse presionar.

Lo que esta señora no sabe, es que con ser desagradable en la cola no se consigue nada porque los que tenemos trato con los clientes todos los días, nos ponemos el impermeable.

Imaginaos en nuestro caso, en la oficina cuando tenemos que explicar a un cliente las ventajas de tal producto haciendo “tangible” el servicio. Normalmente protestan de la cola los que no tienen más de 300 € en la cuenta. A mi una llegó a decirme que yo estaba entreteniendo a un cliente para no trabajar. Mi jefe salió de su despacho y la puso a caldo (jooo, yo quería haberla dicho algo)

Entonces, en Sfera, recordé aquel artículo que escribí hace cuatro años, que voy a rescatar del baúl de los recuerdos, con algún retoquillo.

Empatía: Identificación afectiva con una realidad ajena o lo que es lo mismo: ponerse en el lugar del otro.

Esta palabra es muy desconocida para muchos, sobre todo su significado. Bien es cierto, que lo difícil es ponerla en práctica.

Hoy en día nos concienciamos con metas imposibles tales como los típicos “paz mundial” con que las rubias actrices de Hollywood nos brindan.

Antes de conseguir la paz mundial, deberíamos comenzar por aquí cerca… nuestro país, nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestro entorno… nosotros mismos, pues si hay algo en lo que todos pecamos, es en “yo tengo la razón””yo soy más que tú”

Que tengamos ideas preconcebidas, no creo que se un error grave dado que estamos influidos (que no influenciados!) por nuestra familia, nuestros amigos, nuestra experiencias… lo que si es un defecto vergonzoso, es no es escuchar a los demás e intentar empaparnos con sus ideas bien argumentadas (no con conceptos sueltos ni divagando con frases rimbombantes y vacías); en definitiva, culturizarnos un poco más puesto que muchos no hemos leído lo suficiente ni vivido tanto, como para poder criticar a los demás.

El caso de la señora de la cola… Supongo que ella nunca ha tenido que trabajar y se ha dedicado a sus labores hogareñas, cuidando de su marido, sus dos retoños y sus 4 periquitos. Bien, pues esta señora, como no está acostumbrada a encontrarse al otro lado del mostrador, su ignorancia la ha podido. O bien, esta señora ha estado toda su vida de comercial y el trato con el cliente la ha agriado el carácter. O simplemente, es una maleducada y una prepotente que no tiene respeto por los demás y es tan egocéntrica que no se pone en el lugar de la chica de la caja.

Para mi, una persona no vale más por las carreras que haya estudiado o por los millones que tenga en su cuenta ni por lo “guay” y perfecta que se considere, si no por la capacidad de tener respeto por lo que no es igual a uno mismo (entre otras cosas), la capacidad de ayudar, de escuchar… ¿dónde están esos valores?

Si esta señora es tan genial, que nos demuestre como cobrar 20 prendas en 30 seg. A mi las quejas no me sirven, prefiero aprender con hechos (hay muchos maestros pero pocos saben enseñar, señora mía)

Los malos modales existen y lo importante (lo que más les saca de quicio) es que cuanto más griten, más bajito hay que hablarles. Al final, dejan de gritar (al cliente hay que amaestrarle)

Empatía… ponerse en el lugar del otro…

Entiendo que muchos conductores tengan experiencia de 20 o 30 años y que por ello sepan salir mejor de las situaciones que se nos presentan al volante. Los reflejos se adquieren con los kilómetros, con la práctica.

Cuando el coche de delante es o no, un conductor novel, muchos no le respetan, le empujan, le dan las luces…”ese tío no sabe conducir” sentencia el experimentado listillo. Si de verdad es cierto que no sabe conducir, yo personalmente, prefiero que vaya despacio… es menos peligroso.

El otro día, volviendo de Madrid con mi madre, comenzó a llover. Por el retrovisor veía a los coches que se me acercaban a velocidades increíbles, simplemente por estar en una autovía. A más de uno se le iba el coche para todos lados. Y alguno como es tan buen maestro, me daba las luces. Si en un día de lluvia, voy pisando huevos, no es por inexperiencia, si no por prudencia ya que prefiero sufrir un accidente a 70 km/h, que salir volando por hacer acuaplanning a 120 km/h.

¿Resultado? No metí no frenazos ni se me fue el coche hacia los lados.

Es como cuando voy a trabajar. El primer punto conflictivo, es la rotonda de entrada a El Escorial (si vienes por Galapagar), la siguiente la que sube al Zaburdón, “suerte” que me meto por la primera salida, y aún así, sacar el coche sin rasguños a las 7:30 es una odisea. Al llegar a Villalba, se pone la cosa más interesante… como dice mi padre “es la ciudad sin ley”. ¡Con lo sencillo que es levantarse antes!

Da igual, la gente te adelanta por los lugares más insospechados y encima te miran por no pisarle a fondo. Una vez más, tenemos al juez implacable que se cree que conduce bien (a ver, pisar el acelerador no es conducir bien, a mi no me impresionan los acelerones)

Lanzo una pregunta al aire… ¿Si tu madre fuese a menos de 90 km/h en el coche de delante, intentarías echarla de la carretera mientras la adelantas, para que sufriese un accidente?¿la despreciarías diciendo que no tiene ni idea de conducir?

Empatía… ponerse en el lugar del otro…

Pero además del trabajo y la carretera, hay más gente que pulula por la calle. Los que te miran con cara de asco por ir con un minusválido (te observan con los ojos como platos). Recuerdo algo que se me quedó grabado de lo amargada que vive la gente. Estaba con mi hermano y mi padre en el Carrefour comprando platos y demás, para fiesta de la Queimada y estaba mi hermano quieto, cuando un señor le vino con el carrito, marcha atrás. Claro, sin luces en el culo, sin pitidos y sin nada que demostrarse que ese tio no era más que un suicida en potencia, se llevó un golpe con el carrito de mi hermano. Bueno la que le montó. Me encontraba en la otra punta del pasillo y me acerqué al señor (que no caballero) el cual me insultó y me menospreció. Casi le mato, pero de verdad. Pocas cosas me cabrean, poquitas cosas me hacen saltar, pero la injusticia y más hacia personas que por si mismas no pueden defenderse…

Me recordó una vez, en el Hipercor de Pozuelo, un inválido que quería abrir una puerta y llegó una persona que le dijo de todo menos bonito. Aún no entiendo porqué le dio ese desorden cerebral.

Todos somos personas. Qué manía con prejuzgarnos por tener a un familiar ciego, del Atleti o fan del Fary (de eso ya hablaremos, porque otro que tal bailaba, que con los niños no se juega).

Simplemente, esas personas que nos remiran con asco, me dan pena porque ninguno estamos a salvo de que nos pase nada y según tú trates a la vida, la vida te tratará a ti. Si sonríes a la gente y eres amable, tened por seguro que cada vez más gente os sonreirá y será más amable.

Empatía… ponerse en el lugar del otro…

Con ello no quiero decir que yo este por encima del bien y del mal, si no que de forma gradual, deberíamos todos, empezar a pensar más en los demás.

No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti.

APLÍCALO. ES TU RESPONSABILIDAD

LA EMPATIA NO PROVOCA ENFERMEDADES MORTALES

SE PUEDE ADMINISTRAR A NIÑOS MENORES DE 3 AÑOS

¿A qué esperas? No hace daño a nadie

posted by Vicky in Actualidad and have Comentarios desactivados

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